PSICOMOTRICIDAD EN LAS INFANCIAS, MOVIMIENTO DESARROLLO COGNITIVO.
controlar sus movimientos corporales desde sus primeros movimientos -
rígidos, excesivos, sin coordinar- y pasos espontáneos hasta el control de movimientos más complejos, rítmicos, suaves y eficaces de flexión, extensión, locomoción etc.
Las primeras teorías sobre el desarrollo psicomotor (McGraw, 1945, Gesell, 1946), ofrecían descripciones detalladas sobre los cambios en las destrezas
motoras de los niños, inferidos a partir de la evolución del Sistema Nervioso Central (maduración neuromuscular), según el cuál los movimientos reflejos eran
inhibidos al madurar el cortex, que pasaba a controlar los movimientos voluntarios. De hecho, la primera exploración que suelen realizar los especialistas a los
neonatos se dirige hacia el sistema nervioso, concretamente se examina el tono
(la flexión y extensión muscular: el tono elevado en el aspecto flexor en los recién
nacidos, disminuye durante los dos primeros años, aumentando después hasta
alcanzar el nivel característico de los niños mayores), la motilidad espontánea
(hasta el primer año los movimientos suelen ser simétricos, después se apunta
cierta lateralización preferente) y la motilidad reactiva a estímulos desencadenates de respuestas-reflejo que difieren en función de la edad. Siguiendo a Sánchez
Asín (1989), se ofrece una síntesis de estos enfoques teóricos iniciales.
• Desde la escuela mecanicista se promovía la estimulación del niño a
través de ejercicios musculares similares a la gimnasia, desde que desaparecían los reflejos involuntarios hasta la aparición del control voluntario. Se aportó la consideración de ciertas leyes fundamentales en la
maduración de la motricidad en el niño tales como la ley céfalo-caudal -
el progreso madurativo se inicia en la cabeza, extendiéndose después
hacia las extremidades-; la ley próximo-distal -las funciones motrices
maduran antes en zonas de la línea media del cuerpo, músculos próximos
al tronco y posteriormente los que se hallan en posiciones distales- y la
ley del desarrollo de flexores-extensores -primacía inicial de los músculos flexores sobre los extensores-. A partir de estas leyes se establecieron
diversos niveles madurativos estandarizados por edades a las que se asociaba la adquisición de habilidades motrices, como por ejemplo, los estadios de Gesell (1946).
• Desde la escuela relacional, el cuerpo se considera globalmente -como
medio de expresión de emociones- atendiendo a las formas comunicativas corporales vinculadas a otras más simbólicas -como el lenguaje- con
un dinamismo en el que se concitan influencias intelectuales, afectivas y
emocionales.
Desde la escuela relacional, el cuerpo se considera globalmente -como
medio de expresión de emociones- atendiendo a las formas comunicati-
LA ESTIMULACIÓN PSICOMOTRIZ EN LA INFANCIA A TRAVÉS DEL MÉTODO... 113
vas corporales vinculadas a otras más simbólicas -como el lenguaje- con
un dinamismo en el que se concitan influencias intelectuales, afectivas y
emocionales.
• Desde la escuela desarrollista se defendía el desarrollo temprano de las
capacidades motoras y las aptitudes viso-espaciales (Barsch, Frostig,
Getman), considerando el aprendizaje motor como la base de todo
aprendizaje (Kephart, Cratty), de modo que los procesos mentales superiores arrancan de la capacidad del niño para formar generalizaciones
motoras. Así, en las tareas de aprendizaje lectoescritor, matemático etc.
están implicadas muchas capacidades perceptuales y motoras, por ejemplo, en la coordinación visomanual -previa al aprendizaje de la escritura-,
las asociaciones visuales se unen a las asociaciones derivadas de la manipulación de objetos, sincronizándose los movimientos del ojo y de la mano.
Sin embargo, los enfoques contemporáneos, en particular, la Teoría de los
Sistemas Dinámicos de Thelen (Thelen, 1995, 2000; Adolph, 2002), enfatizan la
contribución de los factores periféricos (dimensiones corporales, la fuerza muscular, la elasticidad, la gravedad, la inercia), la información perceptiva y el
aprendizaje del control de movimientos con función adaptativa, en la comprensión del desarrollo psicomotor. Las nuevas habilidades motoras emergen como
resultado de la interacción entre estos factores. Por ejemplo, para conseguir la
marcha independiente, los niños deben tener suficiente fuerza muscular, proporciones corporales adecuadas, interés por dirigirse a algún sitio, equilibrio, y factores ambientales propicios para mantener esta acción, sin olvidar la madurez cerebral.
Efectivamente, como señalaran los primeros enfoques teóricos, los logros
motrices conseguidos durante el primer año parecen ser el resultado del ejercicio
deliberado y el efecto acelerador de los ejercicios posturales y los reflejos de andar han sido -desde hace tiempo- bien documentados, (Clark, Kreutzberg & Chee
1977). Por su parte, los enfoques evolutivos, constituyen una base teórica fundamental en las intervenciones de estimulación temprana con su propuesta de etapas del desarrollo del aprendizaje.
Inicialmente, el niño manipula físicamente los objetos -etapa práctica- consiguiendo como generalización motora básica, la postura y el mantenimiento del
equilibrio, lo que le permite explorar, observar partes de su cuerpo, relacionarlas
entre sí y con los objetos.
El control postural tiene un rol esencial en el desarrollo psicomotor, no
solamente porque adoptar posturas cada vez más erectas supone vencer la gravedad y es síntoma de un mayor control cortical del movimiento, sino porque es la
base biomecánica para conseguir habilidades manuales y locomotrices, levantar y
girar la cabeza para conseguir la estabilidad postural. La posición erecta requiere
un ajuste postural que fortalece el cuello, el tronco y las piernas, acelerando el
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desarrollo muscular y facilitando la maduración neuromotriz (Keller, 2002). Algunas investigaciones para explicar la relación entre la estimulación de la postura
vertical y el desarrollo cognitivo de los niños, sostienen que podría deberse a los
reflejos prensores ortoestáticos que se producen por un exceso de adrenalina que
incrementa la presión sanguínea e inhibe otra hormona -ACTH, adrenocorticotropina- de modo que se reduce la respuesta de estrés, produciéndose un efecto
tranquilizador y de aumento de atención (alerta y exploración visual) que podría
favorecer su progreso en tareas cognitivas (Brower, Broughton & Moore, 1970;
Konner, 1977; Hopkins & Westra, 1990; Keller, 2002). Estas relaciones entre el
desarrollo cognitivo y la psicomotricidad, si bien pueden ser fuertes en los primeros años del desarrollo, disminuyen a medida que aumenta la edad, (Bushnell y
Boundreau, 1993; Garaigordobil, 1999).
La segunda generalización motora, correspondiente al

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